“Algunos hombres (blancos) buenos”: Astral (Jordi Évole) y Fuego en el Mar (Gianfranco Rosi) ¿Documentales sobre refugiados?

Pablo Marín Escudero | Cine e inmigración

La entrada en la agenda mediática de las oleadas de refugiados a las costas de Grecia e Italia es reciente y aparecen habitualmente tejidas en perverso maridaje xenófobo con las noticias de los atentados, investigaciones o redadas relativas al terrorismo islamofascista en suelo europeo. Pienso que este es uno de los ejes del discurso hegemónico en Europa al respecto, es decir, que la conexión entre ambos fenómenos consiste en que en ambos casos estamos siendo atacados/invadidos.

Construcción de muros y alambradas, prisas por liquidar el espacio Schengen (para personas, claro, no para mercancías ni capitales), estados de excepción prolongados injustificadamente, incumplimiento de acuerdos de acogida, liquidación del estatuto del refugiado y una intensamente proactiva pasividad (ausencia) de operaciones institucionales de rescate de náufragos en las aguas del Mediterráneo. Es decir, dejar que se ahoguen lo más lejos posible de nuestro campo visual.

Pero este discurso no siempre se presenta a cara descubierta. No se puede dudar de las buenas intenciones de Astral y de Fuego en el mar, basados ambos en la premisa -nada desdeñable- de la necesidad de golpear las conciencias de la población europea sobre la vergonzante dejación de nuestros gobiernos ante los efluvios genocidas que manan de nuestra posición en el mundo actual. Astral nos llega inserto en una fuerte campaña televisiva promocional del grupo Atresmedia, recaudando fondos para una ONG y avalada por el prestigio de anteriores trabajos periodísticos de Jordi Évole. Fuego en el mar nos llega dentro de los circuitos de exhibición cinematográficos avalada nada menos que por el Oso de Oro en la Berlinale 2016.

No arguyo sobre la calidad periodística de una o la cinematográfica de la otra. Arguyo sobre el amplio discurso social en que se hallan insertas. A grandes rasgos, ambos documentales tratan sobre la heroicidad de los rescatadores europeos, son la historia de algunos hombres blancos buenos. En el caso de Astral, con un énfasis insoportable, en el caso de Fuego en el mar con un tránsito más discreto. Los refugiados son un mero objeto de observación, con nula o poca voz, abiertamente desposeídos de su condición de sujeto. Y este es un relato viejo en Europa al que se añade la siempre tramposa mirada compasiva. Žižek* lo expone con claridad:

Deberíamos cortar el vínculo entre refugiados y empatía humanitaria y dejar de fundamentar nuestra ayuda en la compasión hacia su sufrimiento … sin ese sentimentalismo que se rompe en el momento en que comprendemos que la mayor parte de los refugiados no son ‘personas como nosotros’ (no porque sean extranjeros, sino porque nosotros mismos no somos personas como nosotros).”

Por ello, en mi opinión, el mayor interés de Astral está en su lectura entre líneas, en lo que dice sin saber que dice, y el mayor acierto de Fuego en el mar está en la bella imagen de los mundos proletarios que no se tocan (el italiano de los pescadores y el africano de los refugiados) pese a su más que evidente proximidad física. Es llamativa además, en el caso de Astral, la leve conciencia de los meritorios salvadores de vidas de que su acción es un engranaje del tráfico de personas y contribuye por tanto a sostenerlo del mismo modo que el médico italiano de Fuego en el mar reconoce el ultraje (es su palabra) a cadáveres de niños que él mismo lleva a cabo para obtener muestras útiles (es su palabra) mediante pequeñas amputaciones.

Esperamos todavía del llamado documental algo más: en primer lugar que nuestra mirada europea sea analítica y que enmarque la cuestión de los refugiados e inmigrantes en el perceptible colapso de nuestro capitalismo, en nuestra historia colonial, en nuestro conflicto mundial de clases y esperamos en segundo lugar que los inmigrantes económicos y los refugiados cuenten su historia con su voz porque son sujetos por más que insistamos en sustraerles esta condición a golpe a veces de concertina, a veces de humanitarismo o con un clásico del subtitulado supremacista cuando suena su voz: “(hablan en su idioma)”.

No estaría de más si de paso logramos abandonar la tremenda distorsión del relato que supone repetir una y otra vez la escena hipererotizada del contacto (salto de vallas, desembarcos, rescates, etc.) para narrar lo que ocurre diez días, diez meses, diez o cien años antes y diez días, diez meses o diez años después, tanto en Europa como del tan alterizado otro lado de un mar que, según indica su nombre, en principio estaba en el medio, por muy nostrum que lo sostengamos a golpe de fragata y Frontex. Y mejor aún si de paso esquivamos lugares comunes autoexculpatorios como el de las mafias de traficantes de personas, como si lo mafioso fuese una lamentable excreción moral del recto modo de vida que creemos practicar y no una regla de oro del capitalismo.

En 1932 el maestro Howard Hawks introducía en el comienzo de su clásico Scarface, bajo pretexto de presentar una denuncia de la inactividad del gobierno ante las guerras de bandas gansteriles (amenaza contra la libertad y la seguridad),  la pregunta “¿Qué está haciendo [el gobierno] al respecto?” para a continuación completarla con otra pregunta “El gobierno es su gobierno. ¿Qué está USTED haciendo al respecto?”. Espero que en  nuestro caso la respuesta no sea hacer donativos a ONGs ni arrojarnos al mar personalmente a salvar vidas.

* Žižek, Slavoj (2016) La nueva lucha de clases: Los refugiados y el terror. Barcelona. Anagrama.

 

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