Slimane (José Alayón, 2013), habitantes en la región fronteriza del infierno

Ana Belén Estrada | Cine

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Donde las llamas no alcanzan, el limbo es el lugar plasmado en esta película que su director, José Alayón, describe como “funambulista” (http://www.slimanefilm.com). Slimane es una película descentrada sobre el borde, sobre la no pertenencia que se despliega en un espacio horizontal, una línea sin embargo no conducente. El contexto lo da la propia sipnosis, “retrato de un grupo de adolescentes que afrontan las dificultades de sobrevivir en una tierra extranjera, sin trabajo ni residencia estable”. Este grupo de amigos, entre los que se encuentran Slimane y Moha, ha sido lanzado a un limbo que representa la situación de muchos adolescentes extranjeros que son expulsados de los centros de acogida al cumplir la mayoría de edad y que quedan en España con un tipo de documentación que nos les permite trabajar; son lanzados por tanto al vacío, a los bordes de la ciudad, funambulistas de un instante extendido y situado entre la partida y la llegada.

Y sin embargo Slimane no es una película que nos repita el infierno de la inmigración, ante el cual nuestros ojos han quedado ciegos por el fulgor incesante de las imágenes con las que se nos bombardean una y otra vez en los medios; y si es una película que llama a la reflexión. José Alayón admite que al conocer la vida de los actores entendió que “lo útil era dejar escapar la película, destruir todo para volver a construirlo a partir de ellos y con ellos”; esta misma situación se nos plantea a los espectadores que somos portadores de un guión sobre la inmigración con el espectáculo de desembarcos, saltos de vallas, marabúnticas invasiones, e incluso para aquellos de bondadosos esquemas académicos sobre interculturalidad. 

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Slimane es una película sobre el espacio por construir, sobre el no lugar donde los personajes deambulan. Nos ofrece planos largos en los que intentamos explorar los sentimientos de los protagonistas sin llegar a adivinar; amplios espacios anodinos que permiten centrar esta reflexión en los personajes, reflexión en su doble sentido, el de considerar nuevamente y el de reflejarse en estas vidas. Slimane tiene fuerza poética en sus silencios y en sus espacios; llanuras de piedra, casas abandonas, lugares fantasmagóricos donde las personas se desvanecen. Como en la distópica ciudad de Comala de Rulfo, los bordes están habitados por rumores de seres fronterizos.

 Slimane fue proyectada en el ciclo “Pantalla abierta” del Festival Cines del Sur 2014.

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