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cine, crítica

El dolor y la pobreza en “Biutiful”, de Rodríguez Iñárritu

Domingo Sánchez-Mesa | Cine   “BIUTIFUL” (Alejandro Rodríguez Iñárritu, 2010)

La trilogía Amores perros, 21 gramos y Babel convirtieron a Alejandro Rodríguez Iñárritu en uno de los directores más aplaudidos en la escena cinematográfica internacional de la década anterior. Paradigma del cine posmoderno, transnacional y fragmentario, dentro de un fórmula progresivamente comercial y accesible. Críticos profesionales han desgranado los valores de su cine y su capacidad para entrecruzar historias con una acendrada maestría dramática, de dar forma a una sensibilidad estética de fuerte color local pero de enorme significación universal. También han ponderado su brillantez muy dotada en la dirección artística y de actores. Detrás de aquellas tres películas estaba la coautoría del guión del magnífico escritor, también mexicano y cineasta, Guillermo Arriaga. Biutiful – dirección de producción de Fernando Bovaira (ex Sogecable) – ya no contaba con la participación de Arriaga. Y había expectación por el resultado. Aún más cuando el film estaba diseñado para desarrollarse en torno a la figura (omnipresente) de ese “animal” de la interpretación llamado Juan Antonio Bardem y tenía a Barcelona por escenario único de la acción. Nosotros no vamos a detenernos ahora en por qué se echa tanto de menos a Arriaga en la estructura narrativa de Biutiful. Nos centraremos en atisbar tan solo el modo en que Iñárritu representa la convivencia, el roce, los conflictos, las relaciones de poder y el mapa de valores identitarios y de alteridad que se despliega en esta película, áspera y difícil, arriesgada y finalmente fallida en más de un aspecto relevante.

Biutiful es la historia de Uxbal, un tipo aparentemente sin escrúpulos, que vive, malvive… explotando a distintos tipos de inmigrantes, al menos a dos grupos: los africanos que venden en las calles de Barcelona y sufren la angustia de su situación irregular y la persecución del aparato policial, y los trabajadores chinos de un taller clandestino, oculto en las afueras de la ciudad, cuyos respectivos líderes, Ekweme (Cheikh Ndyiane) y Liwei (Jin Luo), mantienen una estrecha y paradójica relación con él. Uxbal-Bardem descubre que está gravemente enfermo y que le queda muy poco tiempo de vida. Trata de cuidar a sus dos hijos, con una mezcla agria ternura y contenido autoritarismo. Su mujer, Maramba (Maricel Álvarez), probablemente argentina, drogadicta y aquejada de una bipolaridad cada vez más crítica, no es capaz de darles la estabilidad que necesita, mientras le engaña ocasionalmente con su hermano, Tito (Eduard Fernández).

Uxbal es un miserable, que vive miserablemente, a partir de la miseria de otros más miserables que él… ¿se justifica esa explotación por su condición de miserable? ¿De hombre enfermo que va a morir? ¿De padre que trata de darles a sus hijos un mínimo de seguridad y cariño? Sus lágrimas y desesperación cuando descubre que los trabajadores chinos (entre ellos la joven que cuida ocasionalmente de sus hijos) mueren intoxicados mientras duermen por el mal funcionamiento de unas estufas de butano defectuosas que él mismo ha comprado para ellos, su solidaridad con Ige (Diaryatou Daff), la mujer Ekweme, su lugarteniente entre los manteros africanos (a quien acoge en casa pero quien acaba cuidándole en sus últimos días), ¿redime al personaje? ¿Acierta Iñárritu a desconstruir el maniqueísmo con que siempre se ha representado la experiencia y los dolores de la emigración/inmigración? ¿Logra ponernos un espejo ante el rostro y que empaticemos con la contenida y estirada conversión final de este personaje “miserable de buen corazón”? No estamos seguros…

Lo mejor de la película, aparte de las aristas y texturas que nos ofrece el magnífico rostro de Bardem, es la visión de una Barcelona lúgubre y periférica, de la Barcelona mestiza y a veces sórdida, alejada de las imágenes glamourosas del aparato político turístico. Vicky, Cristina, Barcelona (W. Allen) y Biutiful son un buen díptico, polarizado, del cine independiente sobre Barcelona, ciudad-cinematográfica del arranque del siglo XXI. La mirada de la cámara de Iñarritu sigue demostrando su maestría en la puesta en escena, la cualidad de los objetos y ambientes, la delicada iluminación. Lo forzado de su esteticismo y corrección política, sin embargo, se acusa en las gotas de realismo mágico que se diluyen a lo largo del relato (Uxbal tiene el don de comunicar con los muertos) y la lanza que rompe por la diferencia sexual en la decisión de que el patrón del taller ilegal chino viva una historia de amor homosexual casi bajo el mismo techo que su familia.

A pesar de lo dicho, Biutiful es necesaria. La inmigración es dolor y pobreza en esta película. La pobreza y el dolor que carcomen el interior del cuerpo de su protagonista. Él sabe que sus días están contados y trata de alcanzar cierta reparación. Nosotros creemos que estaremos aún mucho tiempo aquí. Mientras el país que atrajo a miles de extranjeros hace pocos años se hunde, nos vamos percatando mejor del dolor y la pobreza que experimentaron y viven muchos de aquellos que aún resisten cerca de nosotros. Empezamos a sentir esa pobreza y ese dolor, en el corazón de nuestra casa, de nuestro espíritu.

http://www.imdb.es/title/tt1164999/

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